4 de diciembre de 2021

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Pedro Gómez, de párroco en La Piñera a Hijo Adoptivo de Algeciras

Misa funeral por Paco Rubiales en La Línea

Fuente: Europa Sur / Javier Chaparro

“La Iglesia, en muchos aspectos, no es creíble”

  • Tras toda una vida de trabajo por los desfavorecidos en La Piñera, el Ayuntamiento de Algeciras ultima su nombramiento como Hijo Adoptivo de la ciudad.
  • Se declara partidario de reflexionar en torno al «celibato opcional» y al sacerdocio de la mujer, además de abrir las puertas de la Iglesia a los homosexuales.
  • «Habría puesto con mucho gusto la música de Paco de Lucía en mi parroquia y en La Palma”, afirma.
Pedro Gómez preside la Misa funeral por Paco Rubiales en La Línea
Pedro Gómez preside la Misa funeral por Paco Rubiales en La Línea

Pedro Gómez (Cádiz, 1951) fue ordenado sacerdote el 25 de diciembre de 1975 y, tras un breve periodo de formación, se le encomendó la parroquia del Espíritu Santo, en el corazón del barrio de La Piñera. Este fue su primer destino y, posiblemente, será también el último, aunque a lo largo de estos 45 años sus superiores le han ofrecido misiones más cómodas. Para la entrevista elige jugar en terreno propio, en la parroquia.

Esta iglesia es enorme.

-Fue construida a modo una nave industrial. Este era un barrio obrero. Si se fija, en su fachada, la cruz está colocada sobre lo que se asemeja a la chimenea de una fábrica. La iglesia solo se llena en ocasiones especiales, en las primeras comuniones, en las bodas… aunque cada vez hay menos.

¿Por qué?

-Bueno, las estadísticas a nivel nacional dicen que, de cada diez bodas, solo dos son por la Iglesia. Y aquí han bajado porque la población marroquí va aumentando. En La Piñera yo creo que llega al 40%. En los colegios hice un recuento de los alumnos que dan clase de religión islámica y quiénes dan de religión católica: el curso pasado en el colegio Andalucía, que es donde la diferencia está más acentuada, había 180 alumnos de religión islámica y 87 de la católica.

«SE CONVIVE, PERO CON DIFICULTAD, ES OTRA CULTURA. HAY BLOQUES DE LA PIÑERA DONDE LA MAYORÍA DE LOS VECINOS SON MARROQUÍES»

¿Hay integración, convivencia de las dos comunidades o una simple cohabitación?

-Bueno, vamos a ver. Los niños no tienen ningún problema, con la mayor naturalidad se relacionan entre sí. La gente mayor ya es otra cosa. La expresión moro o mora ya indica no aceptación. Se convive, pero con dificultad, es otra cultura. Hay bloques de La Piñera donde la mayoría de los vecinos son marroquíes y prácticamente todos los pisos que se venden por personas que se van a otros barrios son comprados por marroquíes.

¿Tiene usted algún tipo de relación con los imanes de las mezquitas del barrio?

-No, no tengo. Les conozco, nos saludamos, pero no hay una relación. La escuela de música de la parroquia está abierta a todos y hay niños y niñas marroquíes. Sus padres participan en las reuniones y asisten a los conciertos que hacemos a final de curso en la iglesia… Aunque alguno hay que ha prohibido a sus hijos venir a las clases cuando se ha enterado de que las impartimos en la parroquia.

¡Qué pena!

-La verdad es que sí, porque dejan a sus hijos sin esa formación. También hay muchos marroquíes que recurren a Cáritas en busca de alimentos, porque son familias que lo están pasando mal. Eso es algo que muchos de los nuestros no aceptan. “¡Na más que se les da a los moros!…», dicen. Y no, no es así. Hay una lista para controlar las entregas. Hay seis o siete familias musulmanas, pero de las otras hay veinte. También nos acordamos de los musulmanes cuando Reyes: ellos no celebran esa fiesta, pero no vamos a dejar a esos niños sin regalos cuando los otros sí los tienen.

¿Qué barrio se encontró cuando llegó a Algeciras?

-En la época en la que yo salí de cura, la del post concilio Vaticano II, nuestra ilusión era ir a barrios obreros.

«LO BONITO ES QUE LOS PRIMEROS VECINOS HICIERON BARRIO, EN EL SENTIDO DE QUE CUIDABAN SUS CASAS Y CONVIVÍAN, HACÍAN VECINDAD. ERAN GENTE HUMILDE, SENCILLA Y TRABAJADORA»

Porque usted era lo que se dice un cura rojo.

-(Risas) Nuestra ilusión era ir a barrios obreros y, particularmente, al Campo de Gibraltar. Era una Iglesia muy viva y había unos compañeros muy buenos. Yo tenía el deseo de venir por esta zona, el obispo lo sabía y me mandó aquí. Me encontré a gente que hacía pocos años que habían estrenado sus viviendas. Muchos de ellos lo hacían en lo que se llamaban patios, otros en barracas… Cuando la antigua obra sindical les dio estas viviendas, venían encantados. Algunos no habían tenido un cuarto de baño propio en su vida.

Para leer la noticia completa: Europa Sur

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