23 de abril de 2021

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ANDAMIOS EN LA CATEDRAL DE CÁDIZ

PABLO MANUEL DURIO / DIARIO DE CÁDIZ

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Visita de ‘Diario de Cádiz’ a la minuciosa labor de rehabilitación que la empresa Kalam está realizando en la Sacristía Baja bajo la dirección de Jiménez Mata, cuyos trabajos durarán hasta el próximo verano

Andamios hasta las alturas en la sacristía baja de la Catedral. Después de seis años, las obras han vuelto al primer templo de la diócesis al destinar el Ministerio de Cultura fondos de su presupuesto para la rehabilitación integral de esta dependencia. Una obra que comenzó hace ya tres meses y que tiene un plazo de ejecución de año y medio (aunque los técnicos prevén que no se alargue tanto la intervención).

Esta vuelta a las obras en la Catedral es valorada muy positivamente por el arquitecto Juan José Jiménez Mata -que lleva años trabajando en el templo y que es el director de estas obras-, al entender que el uso de la sacristía «asegura el funcionamiento de una Catedral». En compañía de Jiménez Mata, del capataz de la obra y de la directora de Laboratorio de la empresa encargada de la rehabilitación de la sacristía baja, Kalam, Nuria García, visitamos las dependencias que desde hace semanas están tomadas por andamios para recuperar su esplendor y, lo que es más importante, asegurar su construcción.

El problema principal que presenta esta sacristía baja es el mal estado de la piedra, que ya de hecho se estaba desprendiendo del techo. La operación, en explicaciones de los técnicos de Kalam y del propio Jiménez Mata, se divide en varias fases de trabajos.

En primer lugar, se realiza una minuciosa limpieza de paramentos y cúpula encaminada a la extracción de sales que acumula la piedra, especialmente en las paredes que dan al exterior, donde los niveles que se han localizado son «exageradísimos», en palabras de los técnicos. Esta labor se hace con bisturí y unos cepillos especiales, y en algunas zonas se utiliza el microchorro.

Paralelamente a esta limpieza, comienzan a realizarse muestras de laboratorio para estudiar qué tratamiento es más favorable para la consolidación y mantenimiento de la piedra.

Una vez limpias las paredes y la cúpula, será cuando se apliquen los elementos químicos oportunos y los morteros especiales para este tipo de construcciones a fin de afianzar la estructura de la sacristía baja. En este sentido, los técnicos precisan que la excesiva sal acumulada es peligrosa cuando se seca, que es en el momento en que más daña la piedra. Y además, son conscientes de que no van a poder extraer toda la sal, para lo cual aplican unos apósitos especiales.

Una siguiente fase en los trabajos de rehabilitación consistirá en la reposición de piedras y en completar otras. Es decir, será necesaria la presencia de canteros que tallarán nuevas piedras en aquellos casos donde se haya perdido la actual o completarán mediante materiales específicos las que estén algo dañadas pero no sea necesario sustituir. En este sentido, Jiménez Mata precisa que la labor consistirá en «reconstituir las líneas fundamentales, pero no la decoración». Y esto se debe a que en el segundo de los casos es como si se construyera de nuevo la sacristía baja, perdiendo así el valor histórico del edificio.

El último paso para completar la intervención en la piedra será la fase de hidrofugación. «Es un trabajo muy complicado. Como si fuera una ortodoncia», precisa el arquitecto de la Catedral, recalcando la importancia de la intervención a la que está siendo sometida la sacristía baja.

A todo ello habrá que sumar posteriormente la restauración de las vitrinas de madera y del suelo de mármol de esta sala situada a la derecha del acceso de Arquitecto Acero -acotado actualmente para permitir el almacenamiento de material de obras-. Y la intervención que se está realizando también en la cubierta de esta sacristía baja, donde se está practicando un tratamiento de mejora del aislamiento térmico para evitar condensaciones y un repaso de albañilería para mejorar su impermeabilidad. De igual manera, conviene recordar que en esta actuación se ha recuperado una ventana de esta sala que daba a la calle Arquitecto Acero y que quedó sellada en su tiempo.

Para ello, de momento son restauradores y técnicos de laboratorio los que ocupan diariamente los 360 metros cuadrados que cubren la sacristía desde el suelo hasta la cúpula. Después llegará el turno de los canteros, que se prevé sean necesarios como mínimo tres. En total, los técnico de Kalam y el propio Jiménez Mata prevén que la obra se alargue hasta el final del próximo verano, aunque puntualizan que en este tipo de intervenciones los plazos se van conociendo mejor «cuando entras en materia». «Hay que ir con mucha calma», añaden. En cualquier caso, después de esta obra de 325.000 euros de ejecución material, no se espera que vuelvan andamios a la Catedral como mínimo hasta 2013. Así que no hay prisas.

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