4 de marzo de 2021

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«APÓSTOL POR GRACIA DE DIOS», CARTA PASTORAL DÍA DEL SEMINARIO 2009

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CARTA PASTORAL

Día del Seminario

“APÓSTOL POR GRACIA DE DIOS”

Mis queridos diocesanos:

antonio-ceballos-atienzaUn año más, en la fiesta de San José, celebramos el Día del Seminario. Esta celebración nos lleva a fijar nuestra mirada en esta institución que tiene una función muy importante en el conjunto de nuestra vida diocesana: formar nuestros futuros pastores.

1. Día del Seminario

La celebración del Día del Seminario reviste un significado especial dado que ahí es donde se fragua el futuro de la Diócesis y donde se refleja la calidad de la fe de nuestro pueblo. Es el momento de recordar la responsabilidad que nos incumbe y el compromiso que tenemos contraído con el Seminario y, en general, con la formación de los vocacionados al sacerdocio ministerial. Las circunstancias del momento presente están reclamando del sacerdote una mayor exigencia en todos los sentidos.

2. Apóstol por gracia de Dios

El lema que se nos propone este año para celebrar el Día del Seminario es: Apóstol por la gracia de Dios. El apóstol San Pablo comprendió que la vocación a la que había sido llamado de ser apóstol de los gentiles era un don que el Espíritu suscitó en su persona para el bien de la Iglesia, para llevar a cabo la misión de dar a conocer a todos los pueblos la buena noticia de la salvación acontecida en Cristo.

3. Por gracia de Dios

La expresión “por gracia de Dios” adquiere un sentido pleno desde esta perspectiva: todo, absolutamente todo, es gracia de Dios; es don inmerecido; regalo gratuito. Esta fue, sin duda, la experiencia fundante que dio pie a la conversión de San Pablo: el saberse amado de Dios. De ahí que en un determinado momento Pablo exclama: “Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una fuerza extraordinaria procede de Dios y no de nosotros” (2 Co 4,7). Y él mismo invita a reavivar el don que le ha sido concedido (cf. 2 Tm 1,6).

4. Apóstol

Apóstol”, según la tradición sinóptica, sobre todo lucana, es quien ha convivido con Jesús y ha sido enviado por Él. Pablo a pesar de no haber convivido históricamente con Jesús se considera apóstol enviado suyo. Así afirma: “Pablo, “llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios” (1Co 1,1), y elocuentemente atestigua: “El mismo Dios que constituyó a Pedro apóstol de los judíos, me constituyó a mi apóstol de los paganos” (Gál 2,8). Pablo, pues, apóstol de Nuestro Señor Jesucristo.

5. Dios sigue llamando

Dios sigue llamando hoy día a jóvenes de nuestro tiempo, a pesar de que no sean muchos los que se decidan a seguirle.

En una sociedad que prescinde de Dios, considero que es preciso esforzarse por generar una cultura de la llamada, en la que se haga ver la necesidad que el mundo y los hombres tienen de Dios y el deseo de Dios de comunicar su amor gratuito y misericordioso a la humanidad entera.

Cada vocación sacerdotal, religiosa o laical es un don del Espíritu a la Iglesia para su edificación y la realización de su misión. Dios llama a los jóvenes a seguirle en una vocación específica, a contribuir a la misión de la Iglesia desde un estado de vida, con una responsabilidad y unas tareas precisas. Dios sigue llamando hoy día a comprometernos en el seguimiento de Cristo y dejarnos empapar por su amor.

6. Incremento vocacional

convivenciacadiz092Actualmente en nuestro Seminario Mayor de San Bartolomé son 21 los seminaristas mayores. Hay que reconocer que el incremento vocacional que estamos experimentando es un don de Dios, por el que tenemos que dar gracias con humildad y sencillez. Pero para hacernos acreedores a que el Señor continúe bendiciéndonos con nuevas vocaciones debemos procurar y pedir al Señor que nuestras comunidades lleven una vida cada vez más plenamente cristiana y evangélica.

Tengamos presente que las vocaciones salen de nuestras familias, de nuestras comunidades, de nuestra tierra. Por consiguiente, las vocaciones necesitan en su nacimiento, formación y consolidación, un ambiente propicio. Por eso, el Concilio Vaticano II al hablar del fomento de vocaciones dice: “Toda la comunidad cristiana tiene el deber de fomentar las vocaciones, y debe procurarlo, ante todo, con una vida plenamente cristiana; para ello ayudarán muchísimo tanto las familias que, animadas por el espíritu de fe, amor y piedad, llegan a constituirse en el primer seminario, como las parroquias llenas de vida en las que toman parte los mismos adolescentes ” (Decreto Optatam totius, 2).

El Día del Seminario debe estimular la responsabilidad de todos en una tarea de vital importancia para la Iglesia: la promoción de las vocaciones sacerdotales.

7. “Nuestro” Seminario

Evidentemente, en la misma medida en que pedimos y exigimos al Seminario nos exigimos a nosotros mismos, pues el Seminario es “Nuestro”. Este compromiso correlativo a los deseos que proyectamos sobre el Seminario, se concreta a veces en detalles que no por pequeños carecen de importancia. Todos hemos de interesarnos por él, su funcionamiento y su vida, hemos de rezar por él, hemos de apoyarle moral y económicamente, todo ello con espíritu de verdadera colaboración.

Cuando un joven llega al sacerdocio, pensamos y sentimos con gozo que lo hemos formado entre todos y que el espíritu de Dios se ha servido de un complejo entramado de llamadas, influencias, servicios y buenas voluntades que pertenecen a la vida cotidiana de la Diócesis y que, generalmente, permanecen en lo oculto.

No olvidemos que aquel sentido de Dios, aquella comunión fraterna en Cristo, y aquella madurez humana no se improvisan. La comunidad está detrás y junto al candidato al sacerdocio en todo el proceso de formación, presencia que se hace más nítida en el tiempo precioso del Seminario.

8. Algo nuevo está brotando ya, ¿no lo notáis?

En este momento de esfuerzo renovador común que estamos viviendo, el Seminario, sus aciertos, su pujanza, su buen hacer, viene a ser uno de los principales retos que hemos afrontado en común y eficaz colaboración.

Las circunstancias del momento presente están reclamando del sacerdote una mayor exigencia de perfección en todos los sentidos. Esta ha sido la inquietud que más claramente se ha reflejado últimamente.

Siguiendo las pautas de la Iglesia Universal se insiste en la necesidad de una formación integral para los candidatos al sacerdocio. Se acentúan algunos aspectos referidos a la persona del seminarista que reviste una urgencia particular: la experiencia de unión con Cristo, la madurez humana y la comunión con el Obispo y con los miembros del presbiterio diocesano, al tiempo que el equilibrio, la comunicabilidad y la sensibilidad hacia los problemas y los valores humanos configuran en los seminaristas una personalidad madura.

9. Apóstoles, al estilo de Pablo

lug21esEn definitiva, sentimos la urgencia de hacer de nuestro Seminario una comunidad que ayude a las exigencias del pueblo cristiano y del mundo en el momento presente.

Hoy, particularmente, hacen falta hombres de Dios al servicio de las necesidades del hombre actual, sacerdotes que desde una profunda experiencia de Dios y con un gran sentido de comunión eclesial dediquen su vida al ministerio pastoral en favor de los hombres siendo, como el Apóstol San Pablo, apóstoles por la gracia de Dios.

En las manos del Patriarca San José y la Virgen María, bajo la advocación del Rosario y de África, pongo estos deseos y anhelos. Que ellos, como poderosos intercesores, nos consigan celestiales bendiciones de santas y numerosas vocaciones.

Reza por vosotros, os quiere y bendice,

+ Antonio Ceballos Atienza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 6 de marzo de 2009.

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