23 de abril de 2021

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CAMBIO DE PASTOR

MCS CÁDIZ Y CEUTA – OPINIÓN

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Antonio Alcedo

Cuando, al finalizar el mes de julio, nuestro Obispo D. Antonio, cumpliendo la ley de la Iglesia, presentó al Santo Padre su dimisión por razón de edad, se abrió un tiempo importante para nuestra Diócesis. Es el plazo en que se deberán ir cumpliendo los pasos que la Iglesia establece para el nombramiento de un nuevo Obispo. Uno de esos pasos previos es la información que hay que ofrecer a la Nunciatura sobre la realidad de la Diócesis y sobre el perfil que se desea para el futuro pastor. Son dos aspectos en que puede ser bueno que los diocesanos, tanto laicos como sacerdotes y religiosos, a partir del conocimiento que tienen de la propia Iglesia y de las necesidades pastorales que se detectan, puedan decir una palabra.

La Iglesia de los primeros siglos era mucho más participativa y –digamos- democrática. La propia comunidad elegía a sus obispos. Después las cosas cambiaron. Y se llegó a la situación inversa, en que los obispos eran prácticamente impuestos sin ninguna intervención de las comunidades a las que eran enviados. Hoy el derecho de la Iglesia prevé que se hagan algunas consultas: a miembros del presbiterio y a algunos laicos. Estas personas son “preguntadas” y deberán responder, en conciencia, sobre aquello que se les pregunta. Pero está también el derecho y la posibilidad de “manifestar” con libertad y con espíritu de comunión lo que se piensa al respecto, aún sin ser preguntados. Puede ser un complemento de información útil y válido para quienes deban tomar las decisiones últimas. La propia ley canónica reconoce este derecho de todos los fieles al decir: “Los fieles tienen derecho a manifestar a los Pastores de la Iglesia sus necesidades, principalmente las espirituales, y sus deseos”. “Tienen (también) el derecho, y a veces incluso la obligación, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y las costumbres y la reverencia hacia los Pastores, habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas” (C.I.C. canon 212 §§ 2 y 3). Aunque no se trata expresamente del caso del nombramiento del obispo, puede entenderse que esta ocasión, por la trascendencia que tiene, justifique el que los fieles puedan expresarse al respecto. En muchas diócesis, cuando ha llegado el momento de esperar un nuevo obispo, ha habido personas que han querido aportar su reflexión y manifestar sus expectativas: sacerdotes, religiosos y laicos, que aman a su Iglesia y que desean lo mejor para ella; por eso indican los problemas pastorales a los que hay que responder y el tipo de pastor que piensan que mejor puede acompañar a esa determinada comunidad diocesana.

La posibilidad de participación que ofrece un “blog” como éste nos abre una puerta para que quienes lo deseen o crean tener ese deber puedan decir su palabra. Palabra que, en su momento, puede ser elevada a quien debe escucharla y tenerla en cuenta. El espíritu que impulsa esta propuesta es de comunión y con una actitud constructiva, y quiere moverse en un horizonte de esperanza y de futuro. Más o menos, todos somos conscientes de los tiempos en que vivimos, de las dificultades que se presentan a la fe y a quienes quieren vivirla. También tenemos en la mente y en el corazón la imagen de diócesis y de comunidad cristiana que querríamos para estos tiempos recios y que quizá echamos de menos.

Valoramos y reconocemos todo lo bueno que hay en nuestra diócesis y todos los pasos que se han dado en estos últimos años. Pero debemos mirar al futuro, porque seguimos “navegando mar adentro” y la Iglesia debe continuar su andadura, pronto ya con un nuevo Pastor. ¿Qué queremos, qué esperamos de él? ¿Cómo queremos que sea? Nos toca decir nuestra palabra.

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