23 de abril de 2021

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CARTA PASTORAL CON MITIVO DE LA “JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ”

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«Si quieres promover la Paz, protege la Creación»

Mis queridos diocesanos:

Desde que el Papa Pablo VI creara la Jornada Mundial de la Paz, todos los años, el día 1 de enero, la Iglesia proclama su mensaje de reconciliación universal y lanza un grito suplicante por la paz y la justicia entre todos los hombres y los pueblos.

1. Si quieres promover la paz, protege la creación

El Papa Benedicto XVI ha propuesto como lema para este próximo 1 de enero de 2010: “Si quieres promover la paz, protege la creación”, como queriendo indicar que no pongamos límites, que no alcemos muros que estrechen y encierren ese clamor por la paz.

Recordemos que hacia los años 70 la humanidad tomó conciencia, con sorpresa y angustia, del deterioro masivo de la naturaleza. El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que la “creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios”(Catecismo de la Iglesia Católica, n. 198).El Papa Benedicto insiste, en que es indispensable que la humanidad renueve y refuerce “esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos” (Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz 2008, n. 7). “Sin entrar en la cuestión de soluciones técnicas específicas, la Iglesia “experta en humanidad” se preocupa de llamar la atención con energía sobre la relación entre el Creador, el ser humano y la creación” (Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz 2009, n. 4).

2. Crisis ecológica sin precedentes

Considero que vivimos una crisis ecológica sin precedentes que, afectando al mundo entero, pone en peligro la misma supervivencia humana. La magnitud de los riesgos apela a nuestro sentido moral y a nuestra visión cristiana de la vida y del mundo. Y no es casual esta llamada de atención sobre los problemas ecológicos en una Jornada de la Paz, puesto que los problemas de la pobreza y de la injusticia mundiales y la búsqueda de la paz, están íntimamente relacionadas con la destrucción de la naturaleza. En 1990, el Papa Juan Pablo II habló de “crisis ecológica” y destacando que ésta tiene un carácter predominantemente ético, hizo notar “la urgente necesidad de una nueva solidaridad” (Mensaje del Papa Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz 1990, n. 10).

3. Experiencia cercana

El deterioro, a veces irreversible, que está sufriendo la naturaleza, está afectando ya a nuestra misma vida cotidiana, habiéndose despertado la preocupación por los productos que consumimos, a veces, adulterados, a veces tratados químicamente; la contaminación de nuestros pueblos y ciudades: los colapsos de tráfico, ruidos, humos…; nuestras mismas condiciones de vida cada vez más artificiales, más homogeneizadas…; la degradación de la naturaleza que alcanza la intimidad del hogar y los comportamientos cotidianos.

La inquietud en la sociedad actual se acrecienta cada vez más. El fenómeno de la desertización, la desaparición por intervención humana de especies vegetales y animales, los residuos radioactivos o químicos, la seguridad en las centrales de energía nuclear, la muerte de los mares, la contaminación de nuestras aguas… Todo ello va encontrando eco en la opinión pública, naciendo poco a poco una nueva sensibilidad entre nosotros.

4. Sus causas

¿Qué hay detrás de todo esto? Estamos ante un sistema complejo de intervención en la naturaleza y de expansión sin límites de la acción humana. Todavía tenemos un conocimiento escaso de este sistema y sus secuelas destructivas. Y, en muchos ámbitos, se infravalora la importancia de sus efectos. El proceso general de destrucción natural está relacionado con los medios y posibilidad de intervención por la ciencia y las tecnologías que inciden agresivamente y sin adaptación a los ecosistemas.

Pero los progresos científicos y tecnológicos están estrechamente vinculados a los procesos económicos y a sus modelos de desarrollo, para los que la naturaleza es un conjunto de recursos sin fin que ahí están para explotarlos.

En sus niveles profundos, la crisis ecológica está vinculada a los problemas de pobreza e injusticia internacional y a las cuestiones de la guerra y la paz. La crisis ecológica es una crisis moral y, en no menos medida, una crisis en la visión última del mundo y de las cosas.

5. Dios, fuente del mundo y de la vida

La fuente del mundo y de la vida es Dios. Él es el comienzo y el fin. Su amor infinito hizo brotar el mundo y la vida cuyo ministerio y destino es el amor.

En la narración bíblica de la creación encontramos ya la mirada bondadosa de Dios al contemplar todo lo creado: “Vio Dios cuanto había hecho y todo era muy bueno” (Gn 1,31). Quien cree en Dios, confirma la bondad de la naturaleza, que no deja de expresar y cantar su gloria (cf. Sal 104; GS 36).

6. La tierra no es propiedad del hombre

En la tradición bíblica la mirada humana ávida de posesión y de dominio es una perversión del orden creado. La tierra, el aire, el sol…, que nos envuelven y alimentan, no son propiedad nuestra. La tierra no es propiedad del hombre, la tierra es de Dios: “Del Señor es la tierra y cuanto hay en ella” (Sal 24, 1).

Es cierto que está al servicio del hombre, que recibe la encomienda de someterla (cf. Gn 1, 28), pero no como el que domina y maltrata, sino como aquel que cuida y guarda su mundo que es de Dios: “Tomó, pues, el Señor Dios al hombre y le dejó en el jardín del Edén, para que lo labrara y cuidara” (Gn 2,15). El hombre no es el dueño de la naturaleza, sino el colaborador de Dios en la obra de la creación.

7. La tierra al servicio de todos los hombres

Por ello la tierra está al servicio de todos los hombres. Es una herencia común: “Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos(…) jamás debe perderse de vista el destino universal de los bienes” (GS 69). Una tierra de todos, cuyo respeto es garantía del equilibrio y desenvolvimiento humanos… Con la caída del pecado el hombre pierde la paz, la justicia y rompe su relación armónica con la creación.

7.1. Promesa de Paz

La ruptura del hombre no quebró la fidelidad de Dios que fue renovando sucesivamente la Alianza. A lo largo de la historia de la salvación, va llegando la promesa de una paz eterna: Paz con Dios, Paz entre los hombres, Paz con la creación. Una paz que no tendrá fin, fundada sobre la equidad y la justicia (cf. Is 9,6). La justicia y la paz se abrazarán. Y en esa nueva reconciliación entre los hombres y Dios, la tierra cambiará también su rostro, florecerá el desierto y la tierra árida (cf. Is 35).

7.2. Jesucristo nuestra Paz

Jesucristo es nuestra Paz. La bondad y la belleza de la creación heridas, son restauradas por Cristo. Así esperamos el cumplimiento de la promesa: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5). Entre tanto la obra de la creación continúa a la espera de “ser liberada de la servidumbre de la corrupción” (Rm 8,21) y “gime hasta el presente y sufre dolores de parto” (Rm 8,22) en espera de la salvación.

8. Cambios de actitudes

La tarea de los creyentes es preparar los cielos nuevos y la tierra nueva por su acción (cf. Ap 21,1; GS 39). Para ello:

Hay que reencontrar un sentido austero de la vida que evite el consumismo y el despilfarro. Un sentido gratuito de la vida humana que eluda el imperio de lo económico y el interés. Un sentido contemplativo que goce de la belleza de la naturaleza. Un sentido solidario que comparta los bienes que son de todos. Un sentido natural de la vida que evite las innecesarias artificiosidades en que se nos introduce. Un sentido creyente que mire el mundo como un don que, en último término, solo a Dios pertenece y a Él  hay que devolver para su gloria.

9. Nuestra responsabilidad

La acción ecológica tiene una dimensión planetaria y solo a escala internacional podrá resolverse. Y en ese nuevo orden ecológico internacional hay algunos medios que son inaplazables.

  1. 1. Frente al despilfarro de energía, se requieren políticas energéticas más eficaces y más ahorrativas; y un control sobre las fuentes de energías fósiles y ampliación del uso de energías renovables.
  1. 2. Medidas ante los riesgos sociales, técnicos, económicos y militares de las centrales nucleares; control sobre los residuos radioactivos y químicos.
  1. 3. Salvaguarda y protección del bosque tropical y de las especies vegetales y animales. Lucha contra la desertización de amplias zonas del planeta y ayuda económica a los países del tercer mundo.

10. Nuestra colaboración

¿Qué podemos hacer por nuestra parte? Todos tenemos una parcela de responsabilidad en los problemas comunes de la humanidad y también mucho que hacer en nuestro entorno.

Los poderes públicos del Estado tiene responsabilidades en el seguimiento de nuestro modelo de desarrollo, en la implantación de industrias, en la contaminación de nuestro aire, nuestros mares y nuestros ríos.

Pero la responsabilidad es también nuestra. Es de todos. Como nos dice el Papa Benedicto XVI “si quieres promover la paz, protege la creación”. Y aquí hay tareas que, sin duda alguna, podemos y debemos emprender.

  1. Es deber de todos alcanzar un nivel de información suficiente sobre los problemas ecológicos y una educación en valores, técnicas y comportamientos respetuosos con la naturaleza.
  1. Hay mucho por hacer en el cambio de nuestro estilo y el modo de          entender la calidad de vida: evitando el despilfarro y siendo cuidadosos en el ahorro energético; cuidando y no deteriorando nuestra tierra, nuestros pueblos y ciudades; procurando una forma de vida que no esté orientada al consumismo.
  1. Hay que estar atentos a las agresiones contra la naturaleza que ocurren en nuestro entorno y participar en movimientos y asociaciones que defiendan y protejan la naturaleza y la vida humana.

Al concluir estas sencillas reflexiones elevo una alabanza a Dios que nos ofrece el hermoso don de la Creación.

Que la Santísima Virgen María, cuya maternidad divina celebramos el día 1 de enero, interponga su maternal mediación para que el Señor os conceda un año lleno de gracia y de sus dones, y a todos nos bendiga con el gran don de la Paz.

¡Os deseo de corazón un Feliz Año 2010!

Reza por vosotros, os quiere y bendice,

+ Antonio Ceballos Atienza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 23 de diciembre de 2009.

+ Antonio Ceballos Atienza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 23 de diciembre de 2009.

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