23 de abril de 2021

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CARTA PASTORAL CON MOTIVO DE LA CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE EN EL MUNDO

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Campaña contra el Hambre en el Mundo (Manos Unidas)

Contra el hambre, defiende la Tierra

Mis queridos diocesanos:

Un año más llega hasta nosotros la llamada vibrante de la Campaña contra el Hambre que pide escucha y atención, porque año tras año, a pesar de nuestra contribución a este gran problema, éste sigue siendo de primerísima actualidad.

1.  50 Años sembrando sensibilización y cooperación

Celebramos 50 años de sensibilización y cooperación,  bajo el lema “Contra el hambre, defiende la Tierra”, acercándonos, de este modo, a una nueva realidad desde la que abordar el problema de la pobreza y el hambre: la creciente conciencia del mundo sobre el uso insostenible que hacemos de nuestro planeta. Los bienes que se nos dieron gratuitamente para disfrutar de unas condiciones de vida digna, generación tras generación, son hoy malgastados o degradados, hipotecando así la vida, el presente y el futuro de todos.

2. ¿Qué hacer en el momento presente?

Antes de nada, habrá que tener el valor moral y cristiano de mirar y hacernos vitalmente conscientes de la multitud ingente de hombres y mujeres, niños, adultos y ancianos que sufren el peso intolerable de la miseria. A esta realidad actualmente hay que añadir la situación económica y del paro, sin precedentes. Y en estos últimos días el terrible seísmo que ha sufrido Haiti, en donde miles y miles de personas y familias supervivientes lo han perdido todo y carecen de lo necesario, e incluso están faltos de esperanza.

El grave problema de la desigual distribución de los bienes del mundo, originariamente destinados a todos, es un hecho moral que interpela nuestra conciencia. El mundo está sometido a estructuras de pecado y en lugar de la interdependencia y la solidaridad reina el afán de ganancia exclusiva y la sed de poder, tanto en los individuos como en los pueblos.

3. Dominio de la tierra

El problema del hambre está vinculado directamente y estrechamente a la cuestión del desarrollo. Por un lado, el progreso técnico muestra una capacidad casi ilimitada de dominio inigualado de la tierra, que en buena lógica, haría posible la explotación suficiente de todo el potencial alimentario de nuestro planeta. Pero, por otro lado, la sociedad contemporánea tal y como está regida, parece hasta hora incapaz de resolver el problema del hambre, porque no actúa la capacidad real que el progreso posee para la explotación total de la tierra. Un diafragma de separación se interpone entre lo que de hecho sucede y lo que de derecho y de hecho podría alcanzarse. Voluntades corporativas desvían el dinamismo de la técnica desde la ruta del servicio al hombre, hacia los senderos del lucro y del poder. Aquí considero que reside una de las claves de la insuficiencia del desarrollo.

4. Cambio de actitudes

Existe, pues, una necesidad urgente de cambio de actitudes espirituales que definen las relaciones del hombre consigo mismo, con el prójimo, con las comunidades humanas, incluso con las más lejanas, y con la naturaleza, y ello en función de unos valores superiores, como el bien común y el pleno desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres. Hace falta la jerarquización del “tener” y el “ser”, sobre todo cuando el “tener” de algunos puede impedir el “ser” de tantos otros. Hace falta que la opción preferencial por los pobres sirva de criterio a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar constantemente sobre la propiedad y el uso de los bienes.

La Doctrina Social de la Iglesia señala cuál debe ser el trabajo por la justicia y la salvaguarda del medio ambiente: “El ser humano no debe disponer arbitrariamente de la tierra, sometiéndola sin reserva a su voluntad…  La tutela del medio ambiente constituye un desafío para la entera humanidad: se trata del deber, común y universal, de respetar un bien colectivo… se extiende no sólo a las exigencias del presente, sino también a las del futuro”. En justicia todos somos depositarios de los bienes que deben asegurar una vida digna para todos (GS 69).

5. Deber y responsabilidad de todos

Al exhortaros a esta conversión “para la vida del mundo”, permitidme queridos hermanos, que os resuma en unos cuantos puntos las líneas básicas expuestas a lo largo de esta breve reflexión.

Manos Unidas desea forjar otro mundo con otro concepto de desarrollo. La estrategia clave para enfrentarnos al reto del cambio climático es la promoción de un desarrollo humano sostenible. Para eso, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC) propone cuatro áreas estratégicas de trabajo: mitigación (es decir, reducción de las causas, como las emisiones de gases de efecto invernadero y la deforestación, entre otras); adaptación (esto es, medidas de prevención o respuesta a los cambios); financiación (es decir, mecanismos, reparto, buen gobierno y fuentes de fondos); transferencia de tecnología apropiada.

6. Posibles acciones concretas

1.-El hambre y la desnutrición no son fatalidades inevitables. Dios ha dotado al hombre de capacidad investigadora y de libertad creadora, y ha dado a la tierra provisión de medios más que suficientes para la nutrición correcta de la humanidad.

2.- Es necesario despertar la conciencia de la humanidad respecto de este gravísimo deber de solidaridad. En el problema del hambre todos somos responsables.

3.- Es necesario denunciar la razón fraudulenta que aducen los sectores causantes del hambre, a saber: la pretensión de que la causa únicamente o principalmente está en el crecimiento demográfico. Tal apelación es pura coartada encubridora de vergüenza propia. La causalidad de hambre reside en la manipulación del desarrollo orientándolo a las grandes ganancias seguras y al consiguiente poder perturbador de la legislación y del comercio internacional.

4.- Trabajar por un mundo a imagen de Dios, un mundo en comunión, sin divisiones ni diferencias, sin bloques categóricos o separados. Trabajemos por un mundo unido y fraterno.

5.- Apoyar el desarrollo de los pueblos, de modo que todos los hombres participen de los bienes de la tierra que han sido dados por Dios para todos.

6.- Ayudar a los que sufren el hambre o la miseria, no sólo con lo “superfluo”, sino con lo necesario.

7.- Ver en el prójimo no únicamente un ser humano, con una igualdad fundamental con todos, sino un hijo de Dios, a los que hemos de servir, porque lo que a ellos les hagamos se lo hacemos al mismo Señor.

7. Nuestra oportunidad

Una nueva oportunidad, queridos hermanos, se nos ofrece únicamente mediante el cambio de mentalidad, de actitudes, de estilo de vida y desde una perspectiva humana y evangélica. Es la justicia y solidaridad humana llevada hasta el extremo del “tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber…” (Mt 25,35), que sólo el creyente y el discípulo de Jesús pueden atisbar.

Reza por vosotros, os quiere y bendice,

+ Antonio Ceballos Atienza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 1 de febrero de 2010.

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