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D. Antonio Ceballos: “San Damián, una bocanada de aire fresco para la Iglesia”

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Bendición final del Obispo

D. Antonio Ceballos Atienza, Obispo de Cádiz y Ceuta, presidió una eucaristía de acción de gracias por la canonización de san Damián de Molokai, en la Parroquia del Buen Pastor de San Fernando (Cádiz), el pasado 21 de noviembre. Concelebraron con el prelado la comunidad de religiosos de los Sagrados Corazones que anima la vida parroquial y el Superior Provincial de Andalucía, P. Juan Manuel de Mula ss.cc. También tuvieron un papel destacado en la celebración las religiosas de los Sagrados Corazones. Dentro del templo parroquial, se habilitó un rincón ambientado en Molokai, con el famoso pándano donde Damián pasó sus primeras noches al aire libre a su llegada a la “isla maldita”.

En la monición de entrada, el P. Fernando Cordero, párroco, invitó a la asamblea a que “con san Damián, fiel discípulo de Jesús, podamos compartir la suerte de los más desfavorecidos y sentir el calor del fuego del Espíritu”.

La liturgia de la Palabra estuvo a cargo de las religiosas de los Sagrados Corazones, de un joven y del P. Félix González, vicario parroquial, que proclamó el Evangelio. En su homilía D. Antonio evocó lo vivido el pasado 11 de octubre en Roma, con ocasión de la canonización: “aquella mañana gloriosa e inolvidable, la fuerza del amor que irradian los santos y la esperanza cristiana que nos llena de gozo, se respiraba limpiamente en el incomparable escenario de la Plaza de San Pedro y dentro de la Basílica en la columnata de Bernini ante la presencia de una muchedumbre inmensa que vibraban unánimemente entusiasmadas y agradecidas”. Destacó que “San Damián, leproso, nos ofrece el rostro misericordioso de Jesucristo, Rey del universo, sin presencia, sin figura, un rostro desfigurado y entregado a la muerte como un leproso más, al servicio hasta el extremo a los pobres enfermos leprosos”. Por último, subrayando que el P. Damián es una “bocanada de aire fresco” para la Iglesia,  el obispo mostró su agradecimiento al Señor “por la presencia de los PP. De los Sagrados Corazones de Jesús y de María entre nosotros, en esta Parroquia del Buen Pastor. Ellos no sólo hoy nos regalan este querido santo, sino  también el espíritu apostólico que les anima”.

Tras la profesión de fe, el P. Pedro Gordillo, vicario parroquial, elevó la oración de los fieles que, en esta ocasión, estuvo inspirada en textos de las cartas de San Damián.  Al pedir por los inmigrantes que cruzan el estrecho en pateras, recordó este escrito del santo leproso: “Un día estaba en una barca de doce pies de largo por uno y medio de ancho. Zozobró en alta mar y apunto estuve de hundirme yo en ella. Menos mal que nado muy bien, y con la ayuda de una tabla pude ganar la orilla”. Damián salvó a muchos leprosos que arrojaban en la playa de Molokai.

En el ofertorio se acercaron al altar objetos relacionados con la vida de Damián: una pipa con la que disipó el mal olor que desprendían los cuerpos de los enfermos, un bastón –símbolo de ayuda a los demás- y una guitarra, ya que el apóstol de los leprosos fundó un coro para alegrar la vida de los desdichados habitantes de Molokai.

En la acción de gracias, el Provincial de los Sagrados Corazones, P. Juan Manuel, agradeció a D. Antonio su presencia e invitó a descubrir el Molokai que cada uno hemos de afrontar. Entregó al Obispo una escultura en bronce del P. Damián, obra de Javier Venegas, que el prelado recibió visiblemente emocionado, pues la figura del santo misionero fue clave en su vocación. La asamblea estalló en esos momentos con una cálida ovación a su Pastor.

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