22 de abril de 2021

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DIOS SIGUE LLAMANDO EN NUESTRA DIÓCESIS

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Tomado de la nueva Carta Pastoral en el Día del Seminario (Apóstol por gracia de Dios).

seminarioDios sigue llamando hoy día a jóvenes de nuestro tiempo, a pesar de que no sean muchos los que se decidan a seguirle.

En una sociedad que prescinde de Dios, considero que es preciso esforzarse por generar una cultura de la llamada, en la que se haga ver la necesidad que el mundo y los hombres tienen de Dios y el deseo de Dios de comunicar su amor gratuito y misericordioso a la humanidad entera.

Cada vocación sacerdotal, religiosa o laical es un don del Espíritu a la Iglesia para su edificación y la realización de su misión. Dios llama a los jóvenes a seguirle en una vocación específica, a contribuir a la misión de la Iglesia desde un estado de vida, con una responsabilidad y unas tareas precisas. Dios sigue llamando hoy día a comprometernos en el seguimiento de Cristo y dejarnos empapar por su amor.

Incremento vocacional

Actualmente en nuestro Seminario Mayor de San Bartolomé son 21 los seminaristas mayores. Hay que reconocer que el incremento vocacional que estamos experimentando es un don de Dios, por el que tenemos que dar gracias con humildad y sencillez. Pero para hacernos acreedores a que el Señor continúe bendiciéndonos con nuevas vocaciones debemos procurar y pedir al Señor que nuestras comunidades lleven una vida cada vez más plenamente cristiana y evangélica.

Tengamos presente que las vocaciones salen de nuestras familias, de nuestras comunidades, de nuestra tierra. Por consiguiente, las vocaciones necesitan en su nacimiento, formación y consolidación, un ambiente propicio. Por eso, el Concilio Vaticano II al hablar del fomento de vocaciones dice: Toda la comunidad cristiana tiene el deber de fomentar las vocaciones, y debe procurarlo, ante todo, con una vida plenamente cristiana; para ello ayudarán muchísimo tanto las familias que, animadas por el espíritu de fe, amor y piedad, llegan a constituirse en el primer seminario, como las parroquias llenas de vida en las que toman parte los mismos adolescentes (Decreto Optatam totius, 2).

El Día del Seminario debe estimular la responsabilidad de todos en una tarea de vital importancia para la Iglesia: la promoción de las vocaciones sacerdotales.

Nuestro Seminario

123427113679809828Evidentemente, en la misma medida en que pedimos y exigimos al Seminario nos exigimos a nosotros mismos, pues el Seminario es Nuestro. Este compromiso correlativo a los deseos que proyectamos sobre el Seminario, se concreta a veces en detalles que no por pequeños carecen de importancia. Todos hemos de interesarnos por él, su funcionamiento y su vida, hemos de rezar por él, hemos de apoyarle moral y económicamente, todo ello con espíritu de verdadera colaboración.

Cuando un joven llega al sacerdocio, pensamos y sentimos con gozo que lo hemos formado entre todos y que el espíritu de Dios se ha servido de un complejo entramado de llamadas, influencias, servicios y buenas voluntades que pertenecen a la vida cotidiana de la Diócesis y que, generalmente, permanecen en lo oculto.

No olvidemos que aquel sentido de Dios, aquella comunión fraterna en Cristo, y aquella madurez humana no se improvisan. La comunidad está detrás y junto al candidato al sacerdocio en todo el proceso de formación, presencia que se hace más nítida en el tiempo precioso del Seminario.

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