23 de abril de 2021

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EL CRISTIANISMO EN EL NORTE DE ÁFRICA (I)

ANTONIO GUERRA.  www.elfaroceutamelilla.es

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guerradomingoPara el estudio de los orígenes del cristianismo en el Norte de África, cuyo título encabeza el tema del que hoy voy a ocuparme, debo comenzar diciendo que tomo como principal fuente bibliográfica de análisis el libro “Historia Eclesiástica y Civil de la célebre Ciudad de Ceuta”, del que es autor D. Salvador Ros Calof, canónigo que fue de la Catedral de Ceuta, que me ha sido facilitado por mi buen amigo desde la década de 1960, D. José Gómez López, de Ceuta, que fue quien la transcribió copiándola a máquina junto con su esposa hace ya más de 40 años, y al que quedo muy agradecido.

Dicha Historia está fechada el 23 de abril de 1912, y fue escrita en base a los datos que su autor, Sr. Ros Calof, pudo reunir consultando los escritos antiguos y los archivos que tuvo en sus manos; habiendo utilizado como fuente más importantes la “Memoria Histórica de los Obispados de Ceuta y Tánger”, escrita por D. R. Leví María Jordán, traducida del portugués al español por el misionero franciscano del Vicariato Apostólico de Marruecos, e impreso en Tánger, en la imprenta Hispano-Arábiga de la Misión Católica, en el año 1900, así como un discurso de un tal Vidal – sin más datos – que versó sobre las relaciones políticas de la antigua Tingitana con los visigodos de Toledo; disponiéndome a efectuar tres entregas en lunes sucesivos.

En segundo lugar, necesariamente debo referirme a la que fuera antigua provincia del imperio romano, Tingitania, también conocida como España Transfretana, que fue creada por el Imperio Romano el año 42 de Cristo, habiendo sido adscrita por Roma a la entonces diócesis de Hispania. Es decir, en la época de los romanos, Tingitania, provincia africana,º perteneció a España, tanto civil como administrativamente, e integraba entonces los territorios que se hallan situados en el extremo occidental de la costa africana del mar Mediterráneo, que se corresponden con la parte norte del actual Marruecos. Limitaba al Este, con la Mauritania Cesarense (actual Argelia); y al Oeste, con el Océano Atlántico; si bien, el territorio varió a lo largo del imperio romano. Y tuvo por ciudades más importantes Tingis (Tánger), Volúbilis (ciudad romana situada a 33 kms. de  Mequinés) y Rusadir (Melilla).

iglesia-africa3En el libro consultado he encontrado una referencia a Ceuta que, de alguna forma, vendría a reforzar algo más la parte de la historia que se refiere a que esta ciudad fue fundada por los fenicios, que es a la que en círculos históricos de solvencia se le concede una mayor fiabilidad. Así, afirma el historiador Procopio, en su Historia de la expedición militar de Belisario contra los vándalos, que en Tánger se encontró entonces la siguiente inscripción: “Hasta aquí llegamos huyendo del ladrón Josué, hijo de Nave”. Dicha inscripción, es también recogida por el historiador Modesto Lafuente en su Historia de España. Y, si ello fuera auténticamente cierto, sería un indicio más racional y fundado de que Ceuta, efectivamente, lo más probable es que fuera fundada por los fenicios palestinos, y probablemente por los mismos que huyeron de Palestina cuando fue invadida por los israelitas procedentes de Egipto.

Suponiendo que, efectivamente, Ceuta hubiera sido fundada en tiempos de la invasión de Palestina por los israelitas, hecho que sucedió hacia el año 1402, antes de Cristo (a. C.), es muy probable que fuera totalmente cristiana cuando cayó en poder de los vándalos el año 428 de nuestra Era. Tal invasión dio origen a una gran emigración fenicia y los emigrados se dirigieron en número muy considerable hacia África y España, ya que éstas son las tierras en las que fundaron numerosas y potentes colonias. Según se refiere en el libro, las Santas Escrituras dan cuenta de suficientes hechos y noticias de las prácticas religiosas de los fenicios, costumbres, su ilustración y pericia náutica para la navegación, las artes y el comercio. Al parecer, los fenicios trajeron a Ceuta sus dioses, los sacrificios humanos que practicaban y todas las demás abominaciones por causa de las cuales Dios prohibió – se continúa diciendo – muy severamente a los israelitas contraer alianzas matrimoniales con dicha raza (la de los fenicios).

San Isidoro de Sevilla, refiere que los límites de Tingitana fueron los siguientes: Por el Mediodía, al Sur de las tribus Caulalas hasta el Océano Hespérico, esto es, frente a Canarias. Por el Occidente, con el Atlántico. Por el Norte, el Estrecho de Cádiz (ahora llamado de Gibraltar). Y por Oriente, con el antiguamente llamado Mahan, del que se tienen dudas sobre si es el río Martín o el Muluya; que como San Isidoro lo sitúa en las proximidades de los siete Montes Hermanos de la Almina, o sea, en Ceuta, se cree que dicho río Mahan es el río Martín o Gualdajara. Aunque Luis Moreri, erudito e historiador francés, incluye también como integrantes de aquella vieja provincia romana en su Gran Diccionario editado en 1740 a Melilla dentro de la Tingitana, y dice que su antiguo nombre fue Bisadirum, y que tuvo sede episcopal. De lo que se deduce que el límite de Tingitana habría sido el río Muluya, cuya opinión coincide con la de los franceses, que cuando se inició el Protectorado quisieron extender las fronteras occidentales de Argelia hasta dicho río Muluya. Luis Morera incluye igualmente en la Tingitana a Marraquex, Fez, Larache y Rabat; lo que vendría también a concordar con San Isidoro de Sevilla, quien a su vez siguió a historiadores de tanto renombre como Paulo Osorio, Plinio, Pomponio Mela y Ptolomeo.

nicolas_de_fer_1727_ceuta_bLa obra del canónigo Ros Calof tiene como indubitada la presencia ya en el siglo I de del cristianismo en la Tingitana; si bien, hay dudas de si pudo ser San Segundo o San Esiquio el que predicó el Evangelio en dicha zona. Sobre San Segundo, se dan ciertas contradicciones todavía no resueltas. Así, su sepulcro parece que está en Ávila, donde se le profesa mucha devoción; pero luego hay también otras fuentes que aseveran que estuvo predicando en la Ávila de Albacete; y no faltan quienes aseguran que la Ávila a la que algunos historiadores se refieren que dicho Santo estuvo predicando no sería ni la castellana, ni la albaceteña, sino la Abyla de Ceuta, dado que se tienen noticias dignas de crédito, en el sentido de que este santo se habría aparecido en Guadix, población de Granada. Y también se sabe que anduvo por San Roque, en la barriada Puente Mayorga, donde existen importantes vestigios sobre el mismo.

Según Tertuliano, nacido a mediados del siglo II en Cartago (actual Túnez), en todas las regiones hispanas (Tingitana entonces lo era) y en muchas de las mauritanas, florecía la religión cristiana; por lo que es muy razonable pensar en la existencia del cristianismo en la España Transfretada durante los siglos II y III, máxime cuando ya en el siglo I consta que sí estaba presente en dicha región, teniendo en cuenta asimismo que Tánger y Ceuta fueron de las primeras ciudades de la Tingitana que recibieron la doctrina de Cristo. Y de todo ello surge la inmediata pregunta: ¿Tuvo Ceuta sede episcopal en tiempos de los romanos?. Si bien no se ha encontrado ningún testimonio que autorice una respuesta afirmativa, tampoco los hay en sentido contrario, tratándose de una laguna histórica en tal sentido. Y la idea de que San Segundo pudo haber sido obispo de Ceuta no hay que descartarla, habida cuenta de que Tánger y Ceuta fueron dos ciudades de las más importantes del Norte de África por aquella época.
En todo caso, las conclusiones que cabe extraer como ciertas e inequívocas de la Historia del canónigo Ros Calof – que continuaremos analizando – tras contrastarla con otros textos históricos, es que en el Norte de África existió ya el cristianismo en el siglo I; que todo apunta a que también permaneciera dicha doctrina en la zona en los siglos posteriores, II, III y siguientes; que la doctrina cristiana llegó también en dichos comienzos de nuestra Era a Ceuta y Melilla, que incluso pudieron haber tenido episcopado en tiempos romanos; que en la citada región norteafricana, los primeros pobladores autóctonos fueron los bereberes, raza extendida por toda la antigua región Tingitana; y que estos últimos fueron dominados por los árabes que invadieron y se apoderaron de la región tras su llegada procedentes de Egipto y Arabia hacia mediados del siglo VII, habiéndoseles finalmente sometido, pero no sin antes haber resistido tenazmente a la ocupación árabe, lo que les permitió pactar su sumisión.
Otra de las cuestiones que en el libro analizado plantea su autor es la de que Ceuta no habría podido tener su origen en la raza bereber, los primitivos pobladores autóctonos de la zona Norte de África que posteriormente en el siglo VII fue dominada por los árabes, aunque no sin antes haber opuesto a estos últimos una férrea resistencia hasta que llegaron a pactar, toda vez que dicha raza primitiva o indígena desenvolvía su vida como aduar, en forma de tribu, con presencia puramente campestre y montaraz. Igualmente afirma el autor del libro que, por más que Juan León afirmara lo contrario, los romanos no fundaron Ceuta, sino que la encontraron ya fundada y cayó en su poder tras haberse apoderado Roma de todas las colonias cartaginesas situadas en las costas bañadas por el Mediterráneo; siendo la mayor probabilidad que Ceuta fuera fundada por los fenicios de Tiro, Sidón o Cartago, al igual que Cádiz.

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