5 de marzo de 2021

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EL CRISTIANISMO EN EL NORTE DE ÁFRICA (II)

ANTONIO GUERRA CABALLERO. CEUTA. www.elfaroceutamelilla.es

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Ceuta en un grabado del S.XVI
Ceuta en un grabado del S.XVI

Continuando con el análisis del libro “Historia Eclesiástica y Civil de la célebre Ciudad de Ceuta”, cuyo autor es el que fuera canónigo de la Catedral de esta Ciudad, D. Salvador Ros, que me ha sido facilitado por mi buen amigo D. José Gómez López, y del que ya en el artículo del pasado lunes hacía un resumen sobre cómo surgió y se mantuvo el cristianismo durante los siglos I, II y III de nuestra Era en la que fuera antigua provincia romana denominada Tingitana, en el Norte de África – también llamada la España Transfretana – pues hoy voy a abundar algo más en los vestigios cristianos encontrados en aquella remota época, y también me propongo ampliar información sobre tales vestigios para hacer notar cómo luego en los siglos IV hasta el VII se fue desarrollando y asentando el cristianismo en dicha zona norteafricana, hasta que con posterioridad fuera invadida la zona por los árabes, que expulsaron de ella a los cristianos, a la vez que tuvieron que librar feroz resistencia con los antiguos bereberes, raza autóctona del Norte de África que originariamente tenía en su poder dicho territorio.

Ya expuse entonces que, con los datos aportados por dicho autor, venía a reforzarse aun más la tesis hasta ahora más defendida y también más fiable de que Ceuta fuera fundada por los fenicios. Sin embargo, lo cierto es que no existe constancia documental alguna que pruebe de forma indubitada e inequívoca que su fundación fuera fenicia, sino sólo indicios racionales muy fundados de que el nacimiento de Ceuta se debiera a dicha civilización; circunstancia que, por lo demás, no tiene que extrañar, toda vez que tampoco se conoce con absoluta certeza quiénes fueron los fundadores de otras importantes ciudades españolas y europeas del Mediterráneo.

Basílica Paleocristiana de Ceuta
Basílica Paleocristiana de Ceuta

Así, de Roma se dice por Salustio que fue fundada por los troyanos; en cambio, Virgilio la atribuye al rey Evandro; y los más se inclinan a que sus fundadores fueran los míticos hermanos Rómulo y Remo que estuvieron amamantados por la célebre loba. Esas múltiples probabilidades que suelen darse al respecto encuentran su explicación en la serie de numerosas civilizaciones que en la más remota antigüedad se fueron asentando sobre las costas de los mares Mediterráneo y Atlántico, y a que cada una de ellas iba, normalmente, destruyendo, devastando y haciendo desaparecer los vestigios de las anteriores.

También referí en el artículo anterior cómo los romanos declararon la provincia de Tingitana adscrita a España, bautizándola con el nombre de la España Transfretana, cuya adscripción recayó, más concretamente, sobre la región Bética. Sin embargo, con la llegada del emperador Constantino El Grande al poder, la Tingitana fue desmembrada de Andalucía, tanto civil como administrativamente, siendo entonces dividida en seis provincias; es decir, de existir en el Norte de África una sola provincia romana, se pasó a tener seis provincias, aunque ensanchando y ampliando el territorio. Tales nuevas provincias fueron las siguientes: La Proconsular, con capital en Cartago; la Bizacena, capital Bizancio; la Tripolitana, capital Trípoli; la Numidiense, capital Argel; la Mauritania Cesarense, capital en Julia Caesaria (actual Túnez, según algunos historiadores); y la Mauritania Sitifense, capital Sitife.

Museo catedralicio de Ceuta
Museo catedralicio de Ceuta

De la forma como estaba organizado el cristianismo en dichas seis provincias africanas y las numerosas sedes episcopales en que el territorio se dividía, nos dan idea los frecuentes concilios que en las mismas se celebraron y a los que asistieron numerosos Obispos; lo que incuestionablemente significa lo extendido que en dicha región estuvo el cristianismo. Y ello es también evidente y lo ponen de claro manifiesto los frecuentes concilios que se celebraron en la Tingitana y el elevado número de obispos que concurrieron a los mismos, como en adelante expongo.

El concilio de Cartago, que se cree fue el primero, y tuvo lugar bajo el pontificado de San Cipriano, al que asistieron 87 Obispos. En tiempos del Obispo Aurelio se celebró otro, al que asistieron 50 Obispos. Al que parece que fuera el tercero, concurrieron 61 Obispos, aunque sólo aparecen en las actas el nombre de 6. Al cuarto, asistieron 47, de los que sólo se conocen los nombres de 3. Al quinto, acudieron 44 Obispos, apareciendo el nombre de otros 3. Al sexto, asistieron 73 Obispos, aunque no aparece luego ningún nombre en las actas. Al séptimo, concurrieron 217 Obispos. Y del que parece que sería el octavo, no se conoce el número de miembros que se reunieron. Se sabe que hubo algunos concilios más, pero de los que las actas resultan no legibles, como los de Telepta y Milevi. También desde el punto de vista episcopal, la sede u o Primado de los Obispos de África se estableció por entonces en Tánger.

En tiempos del emperador romano Severo Pertinazo, a finales del siglo II, florecía en Cartago un sacerdote de enorme saber, gran jurisconsulto, brillante orador y escritor, que era Tertuliano. Y en un libro que escribió bastante hostil a los judíos, y refiriéndose a los progresos de la fe cristiana dentro y fuera del imperio romano, dice: “La profesan muchas tribus Getulas (pueblos de África); se halla extendida por muchas regiones de las Mauritanias, en todas las de las Españas, en varias de las Galias, hasta en la isla Británica, etc (Capítulo VII).

Y el cristianismo fue conocido en la Tingitana, sobre todo en Tánger y Ceuta, en el siglo I, habiéndole venido del litoral gaditano. Lo cierto es que, fuera San Esiquio, San Segundo, u otro. Lo cierto es que fueron obispos apostólicos los que evangelizaron la Bética y también la Tingitana, y es de creer que lo hiciera el que estuviera más cerca que fue San Esiquio”, del que se tiene la certeza, como ya apuntaba en mi artículo anterior, que estuvo en la localidad gaditana de San Roque, muy próxima a Algeciras, concretamente, en la barriada de dicha localidad conocida por Puente Mayorga, que también queda muy cerca de Ceuta, aunque, claro está, debiendo salvar el Estrecho de Gibraltar.
Asimismo, en uno de los famosos concilios celebrados en Cartago en tiempos de San Cipriano, sobre la validez de los sacramentos conferidos a los herejes y cismáticos, entre los 87 Obispos que asistieron figuran Cecilio de Bilta y Pablo de Babba, o Baba. Y se sabe que tales ciudades estaban en la Mauritania. Y en las obras de San Cipriano editadas en París en 1603, hay unas notas escritas en las cuales Bitta es una ciudad de aquella región Mauritania, que hecha la división de las provincias por Constantino El Grande, se llamó Tingitana (de la que se viene haciendo referencia en el anterior y presente artículos), y que Ptolomeo designa con el nombre de Beuta, según también Plinio.
Según lo anterior, tenemos dos sedes episcopales en la Tingitana a mediados del siglo III, pero se cree que no fueron las dos únicas, sino que hay indicios bastante fundados de los que se deduca que hubo en la zona más sedes episcopales. El “Catálogo de las sedes episcopales”, hecho en tiempos de Humerico, rey de los vándalos, coloca a los Obispos de la Tingitana en la Cesariense (Argelia), dice Natal Alejandro en la Historia Eclesiástica, artículo IV, sobre el primado de Cartago. Y este catálogo lo cita dicho autor haciendo constar que en la Tingitana había varias sedes episcopales en tiempos de los romanos.

Desde que Ceuta, con Tánger y sus territorios, pasaron al dominio de los godos, no hubo en ella más culto que el católico. La ley de Recaredo, en orden a la unidad católica, aun bajo el punto de vista político y civil, fue siempre una norma inviolable y aplicada con más o menos rigor hasta D. Rodrigo en toda la monarquía visigoda; donde quiera que se dieran casos de idolatría, eran perseguidos. Y se regía entonces la provincia Tingitana por el Obispo de Asidonia (actual Medina Sidonia), que con posterioridad fue trasladada la sede episcopal a Cádiz. Dice San Pedro Pascual, Obispo de Jaén, capítulo VII, que en el siglo VIII había 22 Obispos en la Tingitana, y que el rey Witiza tenía en ella un señorío. La Tingitana y la Cesariense estaban separadas por el río Muluya, pero en el orden eclesiástico ambas formaban una sola provincia.

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