23 de abril de 2021

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EL OBISPO DE CÁDIZ Y CEUTA LLAMA A LA FRATERNIDAD CON LAS FAMILIAS SIN TRABAJO

CRISTINA SÁNCHEZ. www.cope.es

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Monseñor Antonio Ceballos, obispo de Cádiz y Ceuta, señala en su carta pastoral con motivo del Primero de Mayo, Día del Trabajador, la importancia de hacerse eco de la situación, necesidades y angustias de los que no tienen trabajo.

100_1062Monseñor Ceballos comienza su misiva alertando del «riesgo a permanecer insensibles» ante la trágica situación de las familias españolas. Por eso, destaca que la Iglesia «se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia participando de los gozos y de los sufrimientos de la comunidad humana en la que vive inserta. Por ello, no puede permanecer insensible a los grandes problemas humanos como éste, de la tremenda situación global económica y del paro, que tan gravemente afecta a nuestra sociedad». Así, afirma comprobar con satisfacción «que a través de las Parroquias, Caritas, Movimientos y Hermandades estáis prestando vuestra colaboración, no podemos quedar insensibles ante tanta tragedia humana provocada por la falta de trabajo», motivo por el que hay «que dar gracias a Dios».

Del mismo modo, el obispo de Cádiz y Ceuta ha reconocido que «la cruda realidad es que el número de parados crece cada día más. Ya existen más de 4 millones de parados en España. Por lo que se refiere a la provincia de Cádiz el número de parados actualmente son cerca de 215.000, correspondiendo a nuestra Diócesis cerca de 110.000. Por otra parte, de los desempleados de la provincia, cerca de 20.000 han dejado de cobrar el paro en este primer trimestre del año porque se ha agotado el tiempo establecido para la cobertura de la prestación. Es verdad que estas cifras, como todas las estadísticas, son señales de una tremenda realidad, pero detrás de esas cifras hay seres humanos de carne y hueso con angustiosos problemas en muchos hogares cristianos».

«Una situación así, continúa, nos impulsa a cumplir con nuestro deber de llamar a la solidaridad, a despertar las conciencias, a fin de que la larga situación de la crisis económica y del paro no produzca un estado de insensibilidad». «Resignarse a que una gran parte de la humanidad carezca de manera crónica de trabajo sería aceptar programáticamente la deshumanización de parte de la sociedad», recuerda Monseñor Ceballos, haciendo referencia a la  Encíclica Laborem exercens de Juan Pablo II, en la que afirma que el trabajo humaniza al hombre.

Pero esta situación, añade, «es también síntoma de una profunda crisis de dimensión ética: falta de sensibilidad y solidaridad. Y sería grave que consideremos inevitable o imposible de superar esta situación; que nos acostumbremos a vivir en esta realidad; que perdamos, incluso, la esperanza en un orden social y económico más justo y fraterno».

Concluye exhortando a sus diocesanos a preguntarse qué pueden hacer por mejorar esta situación y señala que «como modesta aportación y siguiendo las propuestas y compromisos que asumimos, añadiría que tendríamos que evitar la tentación de perder la sensibilidad y la solidaridad. No podemos caer en esta tentación».

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