23 de abril de 2021

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¡ENHORABUENA, DON ANTONIO!

EL BARÓN RAMPANTE (BLOG)/RELIGIÓN DIGITAL.

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ceballosLos 35 trabajadores encerrados desde el pasado 8 de junio en el convento de Santo Domingo de Cádiz finalizaron ayer su encierro, después de conseguir un compromiso de la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento gaditano para unasolución a su conflicto laboral. Un largo camino que, por el momento, parece haber terminado con una buena noticia, tres días antes de que los encerrados iniciaran una huelga de hambre. Una solución que no habría sido posible sin la colaboración, la comprensión y la solidaridad de la Iglesia de Cádiz, comandada por su obispo, don Antonio Ceballos, quien visitó a estas personas en su encierro, consintió y animó esta forma de manifestación pacífica, e hizo las gestiones pertinentes para hallar una solución.

La acción de la diócesis no se limitó a cederles las instalaciones del convento y facilitarles todo lo necesario para una subsitencia digna. Ni tan siquiera a la visita del prelado, que llenó de esperanza a las familias. También el Secretariado de Pastoral Obrera emitía un duro comunicado en el que exigía a las autoridades que «se tomaran en serio» las necesidades de los obreros y encontraran una salida digna. Y no sólo eso: finalmente, la mediación de la Iglesia ha sido tal que estas 35 personas trabajarán en un proyecto de rehabilitación de edificios, que tendrá como sede un edificio cedido por la diócesis.

Gestos como éstos engrandecen la figura, y la misión, de la Iglesia institución en la sociedad actual, donde los obispos siguen siendo personajes públicos con capacidad de influir para solucionar las miserias que a diario nos ocupan. Y para construir, no sólo para condenar. Porque el mensaje de Jesús sirve para esta época, y no puede quedar encerrado en los templos, sino acompañar a todos los sufrientes de nuestra actualidad: pobres, parados, inmigrantes, sin hogar, drogadictos, madres solteras… y un largo etcétera.

Cuando un obispo baja de su palacio y se une, en presencia, espíritu y actuación, con aquellos que lo necesitan, es necesario -y agradable- resaltarlo. Así que, una vez más, ¡enhorabuena, don Antonio! Y, en su nombre, a toda la diócesis de Cádiz. Y a los 35 obreros y sus familias.

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