23 de abril de 2021

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Ayer, hoy y mañana la Esperanza nos sale al encuentro. Sólo hace falta que abramos los ojos, saquemos los tapones de los oídos, descongestionemos la cabeza de tanta banalidad y abramos nuestro corazón de par en par. Ella iluminará nuestra vida, y de nuestra boca brotará: Hoy me ha visitado la Buena Noticia, gracias Señor.

Hoy nuestra estructura se desmorona porque hemos construido en arenas movedizas: el mercado, donde todo y todos somos una mercancía que se compra y se vende, y el consumo histérico que compra con dinero futuro y que hipoteca la vida y libertad de las personas.

Hoy, más que nunca, vivimos de pan y circo, cada vez más circo y menos pan; que se lo pregunten a los cuatro millones y medio de parados, a los cientos de miles de parados de larga duración que van a recibir cero euros de ayuda, a los millones que tienen un trabajo precario.

Hoy es muy difícil encontrar un trabajo digno, de acuerdo a la Declaración de los Derechos Humanos:

1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.”

 

Entre la mala gestión de los recursos públicos que han hecho los políticos, gastando, y mal, más dinero que el que ingresaban, unos bancos y sistema financiero que basaban sus beneficios en la especulación y beneficio máximo, sin importar riesgos, y un pueblo que se deslumbró por lo fácil que era comprar, tener, poseer (dejando los pagos para el futuro), hemos llegado a esta situación de ruina, no sólo económica sino también ética.

La clase política no asume ningún tipo de responsabilidades; a la clase financiera, no sólo no se le piden responsabilidades sino que se le inyecta, con dinero de todos, miles de millones de euros para tapar sus deudas; sin embargo, al pueblo llano se le impone (a través del Boletín Oficial del Estado) medidas de austeridad (bajada de sueldos a funcionarios y pensionistas, incremento del IVA, gasolina y tabaco, recorte de las ayudas sociales, precariedad en el trabajo, etc), para paliar las deudas ocasionadas por la incompetencia (Sólo incompetencia?) de los anteriores.

Esta ruina económica ha dejado al descubierto la base ética que lo mantenía: El interés personal (por encima de todo y todos), la manipulación (mentir a sabiendas, para conseguir un beneficio personal) y la banalidad (ausencia de valores).

Esta ética la podemos ver reflejada, todos los días, en los medios de difusión:

En la política prima el interés personal y el del partido: Políticos sospechosos, imputados o sentenciados por delitos de prevaricación o apropiación indebida, desviaciones de dinero público hacia la financiación de los partidos, enchufismo descarado en la entrada a la administración, contrataciones a los amigos “a dedo”, compra y venta de votos, mentiras o medias verdades, y un largo etcétera que se resume en: “Todo vale” y “A la oposición, ni agua”.

En el sistema económico el “Todo vale” se aplica a conseguir los máximos beneficios, aunque sea precarizando el empleo, con economía sumergida o rebajando las condiciones laborales, ya que la “mercancía” hombre/mujer es abundante.

Se dice que el pueblo tiene los políticos que se merece. Esto lo debió decir un político inepto para eludir su responsabilidad y echarle la culpa al pueblo, por haberlo elegido.

Con buenos políticos (¡Ay cómo se echa de menos la vocación política!), el pueblo mejora.

Lo que hoy se ve y se oye en los medios es un reflejo de nuestra vida política. Se vende y se compra la vida íntima de las personas, el honor propio y el ajeno, la verdad y la mentira; Mini- debates donde prima la manipulación partidista. Vivimos en un clima de violencia intra familiar, escolar y social; hay falta de respeto a la vida propia y a la ajena; las muertes por suicidio son superiores a las muertes por accidentes de tráfico.

La crisis puede ser un buen momento para dedicarnos un tiempo de silencio y empezar a construir nuestro futuro en bases solidas, que nos lleven a estar contentos con nosotros mismos, con lo que somos y tenemos, en cada momento de nuestra vida. Mejor amar que odiar, ser que tener, dar que recibir, ayudar que pasar de largo, un espíritu crítico que una aceptación pasiva.

La esperanza no deja de salirnos al paso, para que veamos que es posible empezar a vivir de otra manera. Será como una onda expansiva y arrolladora que contagiará, porque todos los corazones están deseosos de otra realidad más plena y más humana.

El futuro es esperanzador…..ya llega nuestra Esperanza, abrámosle nuestro corazón, abramos nuestro corazón a Dios.

¡Feliz Navidad!

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