19 de enero de 2021

Tu Diócesis

INFORMACIÓN RELIGIOSA EN RED

LA CARIDAD DE HADÚ

PALOMA LÓPEZ CORTINA. CEUTA.  www.elpueblodeceuta.es

INICIO.

Cáritas de San José reparte cada mes kilos de alimentos a decenas de personas que malviven en la barriada. Sueldos míseros, desempleo, hipotecas caras o mala suerte provocan que exista una bolsa de necesitados permanente en Ceuta.

DibujoMalika está separada y tiene cuatro hijos. Nació en El Principe y se enamoró de un hombre que enfermó a causa de la droga. Robaba la comida de sus hijos para aplacar el mono y les pegaba. Tras separarse, inició la lucha por sobrevivir en solitario y poco después su exmarido fallecía presa de la jeringuilla. Ella se quedó con una pensión por minusvalía de 430 euros y nunca imaginó que tendría que acudir a recoger comida a una iglesia para criar a sus hijos. Todos estudian. El mayor Derecho y habla de ellos con tanto orgullo como el que se tragó para procurarles esa educación. Entrega su cartilla al responsable de Cáritas de la Iglesia de San José, recoge varios litros de leche, pasta y cereales y agradece con una sonrisa esa solidaridad a la que no acaba de acostumbrarse.

Ella es una de las 60 personas que ayer se acercaron a la iglesia a recoger la ayuda que la entidad reparte mensualmente para “ayudar a nuestros vecinos que aunque no se crea, muchos no tienen ni para comer”. Javier González es el director de Cáritas de la parroquia. Lleva más de 15 años escuchando historias descarnadas de personas sin suerte que siguen adelante y sonriendo a la vida. Nora tiene 80 años, su casa está en ruinas y cuida de una hija y dos nietas. No falta a la cita y está convencida de que “vendrán tiempos mejores”.

Lo misma opina un joven de 38 años, trabajador pero con un sueldo mísero cuando ingresa 700 euros mensuales y paga un alquiler de 500 además de sacar adelante a tres niños. “Por mis hijos hay que aguantar lo que sea y toda ayuda es bien recibida”, explica. Mujeres, hombres, jóvenes o mayores, nadie está exento de la necesidad. Si bien es verdad que el perfil predominante de la lista que Javier tienen sobre la mesa en la que sella las cartillas es el de una mujer marroquí separada y con hijos. Bataul es madre soltera. Nació en Tánger y su expareja la maltrataba. Llegó a Ceuta embarazada como una vía de escape a la muerte. “Allí no me podía quedar porque podía matarme. Aquí estoy segura y crío a mis niños. Trabajo de vez en cuando como peluquera y un hombre bueno me ofreció una habitación en su casa y a cambio le ayudo a limpiarla y cocino”. Sonríe y da las gracias. El director de Cáritas la conoció justo cuando llegó. “Lo ha pasado muy mal pero ahí está, saliendo adelante y sin parar de sonreir.”.

Una pegatina en los paquetes de alimentos indica que pertenecen al Plan Estatal del 2009 de ayuda a las personas más necesitadas. A esta aportación se une la de los cepillos recaudatorios del primer domingo de cada mes y la solidaridad de todos los que quieren aportar algo. España es un país solidario. Los hechos lo demuestran , pero Javier considera que “si la gente fuera realmente consciente de que existen muchas personas cerca de nosotros que atraviesan estas situaciones la ayuda sería aún mayor”. El director de Cáritas de San José cree que “vivir de puertas para adentro hace que estas realidades sean invisibles para muchos, pero aquí están y hay que tomar partido para resolverlas”. A su lado otra de las beneficiarias le dice que merece un premio y que su labor durante tantos años “es imposible de recompensar”. Ella ha acudido con su madre y el carro de la compra vacío para llenarlo con la comida solidaria, Su padre falleció y viven con otra hermana más. No tienen ingresos, tan sólo 150 euros mensuales que les otorga Asuntos Sociales. Ella trabajó en el Plan de Empleo y sigue buscando trabajo pero no hay suerte. Está desesperada y bromea diciendo que sólo le queda casarse “con un hombre rico”.

La realidad está ahí: la crisis ha aumentado las necesidades de los que menos tienen pero el momento más preocupante fue hace un par de años con la subida de las hipotecas. “La gente no podía pagarlas y aumentaron notablemente las peticiones de ayuda, ahora parece que bajan pero muchos vienen porque la hipoteca se come la mayor parte de sus ingresos”.

Tanto a Javier como a los voluntarios que le ayudan en su tarea, estos años de trabajo interesado tan sólo en ayudar a sus vecinos les han enseñado algo: que es una lotería tener trabajo y tener casa. Que hoy son ellos los que hacen fila para pasar a recoger unas bolsas con comida y poder llegar a fin de mes sin morir de hambre, pero que mañana “podríamos ser todos”. Y que no hace falta irse lejos para ver miserias. Los que acuden a recibir la ayuda hablan sin tapujos. La pobreza solo existe en aquel que se siente pobre. La vida no les sonríe ahora y el dinero no es tan importante. “Siempre hay una mano que te ayuda”, explica Bataul mientras sonríe mirando a su hijo. “No hay que tirar nunca la toalla porque la suerte puede venir en cualquier momento y hay que estar preparado para atraparla y no dejar que se suelte”.