23 de abril de 2021

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La palabra del anfitrión: «Fueron ejemplares, ellos y los que les ayudaron»

LA VOZ DIGITAL / CÁDIZ

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1020397El encierro de los desempleados en Santo Domingo tuvo unos protagonistas que parecían secundarios, pero resultaron vitales para que la aventura terminara con el éxito de un trabajo para sobrevivir. Los religiosos de Santo Domingo, encabezados por el popular padre Pascual Saturio, hicieron suya la causa obrera y se volcaron a la hora de reclamar apoyos políticos y sociales. «Ya tengo experiencia en este tipo de encierros. Fue el cuarto para mí. Siempre les acogemos igual, como a mucha gente que viene sola, a diario. No hacemos ninguna excepción y menos con gente que no nos asaltó. Son chavales del barrio a los que conocemos, en muchos casos, desde niños. Cuando venían a verles los políticos, reclamaban con respeto, exponían sus ideas, discutían con normalidad… Pedían un trabajo y se les ha dado la misma oportunidad a la que tienen derecho todos. No se les ha concedido ningún privilegio. Tienen formación, aprendizaje y, después, un empleo. Nada más. Lo que debe tener cualquiera», resume Saturio.

El mes de encierro, cuyo inicio le sorprendió fuera de Cádiz, no supuso ningún problema de convivencia en el patio del convento: «Tuvieron un comportamiento ejemplar. Eran 30 personas conviviendo en poco espacio, con lo difícil que es eso, y no surgió ni el más mínimo problema».

El religioso se ha mimetizado tanto en el microcosmos de Santa María, que ni las muletillas más locales chirrían entre su acento mesetario. A la hora de extender agradecimientos, destaca muchos: «Los vecinos se volcaron, y muchos restaurantes, y Cáritas. Y dos de las 27 hermandades de Cádiz… pero lo más emocionante fue la respuesta de los particulares anónimos. Un señor llegó y dijo que se hacía cargo de toda la leche que necesitaran y consumieran los encerrados el tiempo que fuera necesario. Otros te daban un billete de 20 euros, por lo bajini, y te decían que era por si acaso les hacía falta alguna cosa a los parados. Casos así, hubo unos cuantos, pero los protagonizaron personas que no quieren que se les conozca…».

El guardián de la Patrona también recuerda el papel de su jefe: «El obispo y la Delegación de Migraciones fueron los que iniciaron la ayuda. El obispo vino tres veces a verles, se puso en contacto con muchas instituciones… fue el que lo movió todo».

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