23 de abril de 2021

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LAICISMO POR DECRETO

ANTONIO ALCEDO / OPINIÓN – MCS OBISPADO CÁDIZ Y CEUTA

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Antonio Alcedo, sacerdote diocesano

Mucho se viene hablando en estos últimos tiempos de laicismo y de laicidad. Es verdad que no son lo mismo, aunque bastantes de los que hablan o escriben sobre ello no tengan mucha idea de dónde está la diferencia. Por si acaso, el pensamiento “oficial” o, como hoy se dice, “políticamente correcto” de nuestro país, se ha apuntado a la interpretación más radical y más negativa del término, entendiendo por radical y negativo lo que más pueda alejar de cualquier concesión de legitimidad a lo religioso y, por supuesto, mucho más a lo cristiano, en la vida pública. Se está dando como una especie de “decreto de marginación” de lo religioso o de lo positivo que pueda tener lo religioso, sobre todo en los medios de comunicación. Teniendo en cuenta la fuerza y la presión que estos medios ejercen sobre el pensamiento común de la gente, el plan de laicización se va llevando a cabo implacablemente. Y la mayoría de los medios parecen colaborar muy a gusto en el proyecto. La laicidad es un planteamiento de hecho de la autonomía de la organización social, política y económica de los países sin referencia a un pretendido poder superior de lo religioso. El laicismo es más bien una ideología, o sea, una construcción teórica, ajena a la realidad, que establece unos principios por los que cualquier referencia a Dios o a lo religioso queda borrada de la esfera pública y confinada al ámbito de lo privado. Y la conducta de los individuos y de las instituciones debe quedar sometida a estos principios. Una comprensión positiva de la laicidad –tal como la defiende Benedicto XVI y algunos presidentes europeos muy significados- acepta y otorga su lugar al hecho religioso en la sociedad, hace posible la cooperación de los valores religiosos al bien común, permite y reconoce las manifestaciones religiosas siempre que no atenten al orden público. Una ideología laicista pretende hacer justamente lo contrario. La reciente visita del Papa a nuestro País nos ha mostrado bastante claramente cuál es el planteamiento de nuestros gobernantes. Se ha silenciado en los grandes medios toda la rica enseñanza del Papa a los españoles, y sólo se ha hablado del “secularismo agresivo” de los años 30. La noticia era esa frase del Papa en el avión, no sus homilías ni sus gestos. Se ha procurado presentar de forma bien visible el rechazo de algunos grupos minoritarios a la visita, con sus pancartas y gritos soeces y bordes. ¿Se pretendía situar al mismo nivel el rechazo que la acogida? La actitud de nuestro Presidente no necesita comentarios: se califica por sí sola.

Llevamos un tiempo, además, en que cada noticia sobre la Iglesia va unida a alguna referencia a la pederastia. Así, poco a poco, en el imaginario común irán asociándose ambos términos de forma inconsciente. Por si faltaba algo, leo que hay un proyecto de celebrar una clausura “laica” (¡!) del año jacobeo, organizada por el Ministerio de Cultura ¡en Oviedo! y que tendrá lugar a mediados de diciembre.(¿Qué será un “Año Jacobeo” eliminando a Santiago?) La noticia me ha recordado los bautismos laicos y las primeras comuniones por lo civil que ya van apareciendo en algunos lugares. ¿No es un reconocimiento de que las personas y los pueblos necesitan expresarse por medio de ritos, pero a la vez un intento de despojar a los ritos de su conexión con lo religioso? Espero que esa clausura fantasma no tenga éxito, porque me temo que va a ser un solemne ridículo. Querer negar lo evidente nunca ha sido signo de inteligencias despiertas. Por último, quisiera que esta colaboración mía no se entienda como un lamento estéril sino como un aviso a navegantes. Los cristianos debemos tener una actitud atenta y crítica ante tanta laicidad negativa. Como el Papa nos ha dicho, tenemos algo valioso que aportar a la sociedad en que vivimos y queremos aportarlo. Nuestro talante constructivo es el mejor testimonio de que ni nos avergonzamos de nuestra fe ni renunciamos a ofrecerla como un valor a quienes quieran acogerla.

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