23 de abril de 2021

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“Me despido, aunque no me voy de esta ciudad que me ha dado tanto”

Carlos Orozco / EL FARO DE CEUTA

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El sacerdote Pedro Durán Durán se despidió de su feligresía del Valle, de la que ha sido párroco durante doce años, el pasado 8 de septiembre, festividad de la titular del templo, tras su inminente destino a la Archidiócesis de Tánger.

padrepedroduranDurán ha ejercido, además de párroco de Nuestra Señora del Valle, de capellán del Hospital del Ingesa, sacerdote encargado de la ermita de San Antonio y de la capilla del tanatorio municipal, de canónigo ecónomo de la Santa Iglesia Catedral, delegado de Cáritas Diocesana, de director espiritual de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Paz y María Santísima de la Piedad, y de la Cofradía de San Antonio de Padua, además de ejercer como docente en el área de religión católica en los institutos de enseñanza secundaria Almina y Clara Campoamor, y el de formación profesional Puertas del Campo.
–¿Cuándo llega a Ceuta?
–A Ceuta llego, concretamente, el 27 de julio del año 1997, que me hago cargo de la parroquia. Pero le pido al obispo que me deje incorporarme en septiembre, pues tenía que sustituir las vacaciones del cura que estaba conmigo en Chiclana. Por lo tanto, desde septiembre del 97 hasta la actualidad, doce años transcurridos.
–¿Qué pensó cuando le dijeron que venía a Ceuta?
–La  idea me pareció genial. El señor obispo me estuvo preparando el tema diciéndome que era un sitio muy bueno y que iba a estar muy cómodo. Yo le comenté que estaba disponible a dónde él me mandase y le dije esta frase: “A la gran puñeta, iré a dónde usted me mande”. Tras cinco minutos, el obispo  me contestaba: “Pedro, al Valle, a Ceuta”. A mi me pareció genial. Yo había estado dos veces en la ciudad y la conocía poco.
–¿Y a la familia?
–A mi padre, que en paz descanse, le sienta regular. No se lo toma bien. Yo cuando vine aquí, lo primero que hice fue traer a mis padres para que vieran la ciudad. Posteriormente volvieron a venir, conocieron a la gente, el lugar, y ya sí que en esta segunda ocasión se fueron más contentos.
–¿Cómo se encostró la parroquia de Nuestra Señora del Valle?
–El señor obispo me mandó a Ceuta sin contarme lo que había aquí. Me encontré sin parroquia y sin una casa para el cura. Recuerdo todavía la frase muy graciosa que le dije al obispo en una ocasión: “Me has enseñado el burro, pero no las mataduras que tenía el burro”. La iglesia estaba en obras. Lo que en un principio iba a durar tres meses y costar unos siete millones y medio de pesetas, finalmente duró tres años. Hubo unas complicaciones horrorosas. Mientras el templo estaba cerrado, las misas las decíamos en el acuartelamiento de la Agrupación Logística número 23. Fue una época en la que algunas personas se fueron, las bodas y los bautizos los tenía que oficiar en la ermita de San Antonio, las comuniones un año las realizamos en la Catedral y el otro en la capilla de las Adoratrices. Fueron años muy duros. El presupuesto que tenía asignado en un principio esta remodelación era de 7 millones y medio de pesetas, que es lo que la parroquia tenía ahorrado de la cruces de mayo, pero la empresa adjudicataria nos abandonó y con el dinero invertido aún no se había avanzado nada. Meses después, Dragados retomó las obras y gracias a la ayuda del arquitecto Miguel Rial y la colaboración de la Asamblea, con Jesús Fortes  a la cabeza, todo se fue solucionando. Yo me propuse reabrir la iglesia el 5 de septiembre de 1999, saliera por donde saliera, me conformaba con un asiento para el obispo y otro para el presidente de la Ciudad, y efectivamente, sin haberme hecho una entrega oficial de la obra, yo celebré la eucaristía, porque si no, todavía estamos liados. Ese 5 de septiembre, día de la consagración del templo, la titular de la iglesia del Valle regresaba a su parroquia después de 40 años. En 2002 y 2003 volvimos a realizar una segunda fase de remodelación en la que arreglamos el patio y construimos un edificio nuevo, obras en las que también nos ayudó la Ciudad Autónoma y un préstamo que pedimos, que todavía estamos pagando. Gracias a Dios, la parroquia está saneada estética y económicamente.
–¿En qué se ha basado su línea de trabajo?
–Mi lema como sacerdote es el de estar con la gente. San Pablo dice: “Me he hecho todo a todo para ganar sea como sea a alguno”. Y esa ha sido mi línea de trabajo. Yo he estado con el pobre, con el rico, con el listo, con el menos listo, cuando se ha tenido que reir, hemos reído, pero cuando hemos tenido que llorar, también he llorado. He intentado estar cercano, y hacer a la iglesia y a la persona del sacerdote cercana. Fundamentalmente, he querido ser un cura asequible a todo el mundo. No me ha importado empezar la misa cinco minutos tarde, si tenía que confesar a alguna persona que tenía una necesidad, porque lo más importante son las personas. En otras ocasiones, la cruces de mayo que tradicionalmente hemos montado en el patio, pues durante un par de años hubo alguna que otra dificultad, y preferí antes a la gente que a tener dinero, y conservar a las personas. Soy consciente que, durante este tiempo habré ido bien con algunas personas y con otras no tan bien. Habré chocado con alguien, porque es normal, soy humano y mi humanidad está ahí. Antes de ser padre Pedro, soy Pedro Durán, hijo de Juan y de Leonor.
–¿Cómo ha sido la relación con las Cofradías de las que ha sido director espiritual?
–Las Cofradías han sido la de San Antonio y la de Paz y Piedad. En ambas ha habido sus dificultades, porque hemos tenido tanto en una como en otra algunos obstáculos, porque como he dicho antes, soy humano, y las cofradías también están constituidas por humanos, pero gracias a Dios las dificultades se subsanaron. En San Antonio me encontré que sólo había mujeres, mayores la mayoría de ellas, pero con muchísima voluntad y con ganas de hacer las cosas. Hoy en día muchas mujeres siguen trabajando por la Hermandad, pero acompañadas también por hombres. En San Antonio tuve un pequeño problema que se subsanó y se solucionó. El equipo que hay en la actualidad ha trabajado en la restauración de la imagen, del altar, los bancos estaban apolillados y gracias  a Pablo Belmonte se pusieron bancos nuevos, y eso también es importante, que las personas se den cuenta y colaboren desinteresadamente. En la actualidad se está terminando  la casa y hay unas ganas de trabajar fabulosas. Por su parte, en la Hermandad del Paz y Piedad ocurre lo mismo. Se restauraron las imágenes, que están preciosas, y también existen un grupo importante con ganas de trabajar. Quizá, algunas veces yo, por mi forma de ser o por puntos de vista diferentes, he fallado, porque los que me conozcan saben que soy una persona muy cabezona.
–¿En qué situación deja la parroquia de Nuestra Señora del Valle?
–Yo dejo la parroquia totalmente saneada. Ahora mismo conflictos a nivel personal ninguno, gracias a Dios, porque también los cristianos tenemos un carácter, pero también tenemos el alma, que a veces se nos olvida y que es el alma del perdón, el que se perdonan unos a otros, y que es el que dice el Padrenuestro. Y a nivel material, San Antonio funciona estupendamente, no es que tengamos mucho dinero, pero vamos tirando para adelante, al igual que en el Valle. Estéticamente, tanto la parroquia como la ermita están libres de humedades y dan una muy buena imagen. Quizá una de las cosas en la que había dado los primeros pasos, y que espero que el nuevo sacerdote los continúe, sea la restauración de la imagen de la Virgen del Valle, ya que se encuentra un tanto deteriorada. Eso es lo que dejo por hacer, algo que me hubiera gustado ver terminado, pero que no me ha dado tiempo. La imagen se llevó a Portugal a una exposición, y ahí le hicieron una pequeña restauración, aunque no de envergadura, de tal forma que cuando llegó a Ceuta, el pajarito que el niño Jesús sostiene en su mano iba roto, pero como todo iba asegurado, se restauró. Es lo único que se le ha hecho.
–¿Cómo ve la Iglesia en Ceuta?
–La Iglesia en Ceuta en general la veo viva. Quizá algo mayor, pero es que las personas vamos cumpliendo años. Por lo tanto la veo mayor físicamente, pero no en cuanto a espíritu. La Iglesia está apostando mucho por el testimonio, por el que soy cristiano y no me importa decirlo. Aún queda mucho por recorrer, pero hay unas ganas de trabajar muy grande y trabajar no por el que me vean sino trabajar por el Reino de Dios y su justicia, que es por lo que hay que trabajar, como dice el Evangelio. Y cada uno en su tarea, el que es cofrade en su cofradía, el que es catequista en su catequesis y el que es de Cáritas pues en Cáritas, porque así todos formamos Iglesia, además de los curas, que tenemos la tarea y la obligación de dejar trabajar a todos los que se acerquen a la Iglesia.
–¿Falta juventud?
–Cuando llegué me encontré con muchísima juventud. Aquí pegaba mucho en aquellos años la Juventud Vicenciana Mariana, que ha hecho mucho en Ceuta y por Ceuta. Claro, estas personas eran jóvenes y han ido creciendo, se han ido a estudiar fuera o se han casado. Una parcela muy fuerte en la Iglesia son las cofradías. Las hermandades están aportando mucha juventud y eso habría que saber encauzarlo. La juventud es un reto que tenemos ahora mismo, no solamente los curas, sino todos, ya que la Iglesia somos todos.
–¿Qué se lleva de la ciudad?
–De Ceuta me llevo doce años fabulosos de mi vida, me llevo una cantidad de hermanos en la fe, más que amigos. Me llevo 200.000 casas con las puertas abiertas. Las personas de Ceuta me han hecho crecer como persona y como sacerdote, porque quieras que no, el sacerdote se va haciendo con el paso de los días y se tiene que ir dejando hacer , ya que todo no es tarea de Dios sino de las personas que están alrededor. De Ceuta me llevo todo, con muchas dificultades al principio, muchas alegrías, tristezas, personas que he conocido que ya están con el Padre. He vivido y dado mi vida intensamente por la ciudad. Si lo he conseguido o no, por lo menos lo he intentado.
–Y a dónde va…
–La gente está extrañada con esta situación. El arzobispo de Tánger tiene dificultades, la iglesia de Tánger tiene dificultades y pidió ayuda al obispo de Cádiz y Ceuta, como máximo responsable de la diócesis, que le echáramos una mano. El obispo dijo que lo consultaría con los sacerdotes. Y así lo hizo, durante el pasado curso nos lo propuso y decidimos que si ayudaríamos a la Archidiócesis de Tánger. Entonces el obispo decidió que fuéramos el vicario y yo. Curro de manera eventual y yo de manera permanente. Por tal motivo, se le ha prestado  a la iglesia de Tánger, un sacerdote a tiempo parcial y otro a tiempo total durante 2 años y ahí voy, a Tánger a echarle una mano al arzobispo, a estar con él y a todo lo que él necesite. Aún recuerdo las palabras que dijo el obispo: “Nosotros que somos pobre  a todos los niveles, también lo somos a nivel sacerdotal en nuestra Diócesis de Cádiz y Ceuta, pero compartimos con una diócesis que es más pobre que la nuestra, la de Tánger”. Ello me llegó muy hondo y por lo tanto voy con total disponibilidad al igual que cuando vine a la ciudad de Ceuta.

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