23 de abril de 2021

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MILAGRO DE SEMÁFOROS

MCS OBISPADO – OPINIÓN

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Javier Fornell

Llueve. Es otoño y hace frío. La ciudad no duerme, como siempre. Las calles están atestadas de extraños que se cruzan cada día sin tan siquiera mirarse. Deteniéndose unos junto a otros en semáforos y pasos de cebra. Nadie se fija en la chica que busca en el gps de su teléfono una dirección, ni en la joven monja que espera a pocos centímetros de ella para cruzar la calle.

-Perdone- pregunta educada la joven con marcado acento del este- ¿sabe dónde está la clínica de Monte Oriz?

-No vayas, por favor, no vayas -La voz suplicante de la monja detiene a la joven, que había comenzado a cruzar la calle. La mira con sus enormes ojos verdes- ¿Estás segura de que quieres acabar con la vida que llevas en tu interior?

-No puedo tenerlo, hermana- el brillo nubla su mirada, que se carga de lágrimas-. Estoy sola en España. El padre se ha desentendido y no tengo como mantenerlo. No puedo tenerlo.

Continuó su camino, y la monja a su lado, en silencio, sabiendo ambas que la dirección ya no conducía a la clínica abortista.

-Quizá yo pueda ayudarte- dijo la hermana al fin.

-Me echarán del trabajo, no podré sacarlo adelante- la joven ya no evita las lágrimas que surcan su rostro.
-Hay opciones, hay personas que te pueden ayudar.
-Llego tarde a mi cita, debo irme.
-Espera, dame un segundo -La hermana coge el teléfono móvil  y llama a un amigo- espera un segundo, habla con él antes de ir. Y si aún así quieres ir…. Te dejaré tranquila.

La voz desconocida le dice que lo ponga todo en manos del Señor y el rostro de la joven se contrae una mueca indefinida que se torna en indignación cuando le proponen darlo en adopción. Cuelga el teléfono y se lo devuelve a la monja.

-No tengo tiempo, hermana, tengo que ir, pierdo la cita. Ha sido mi novio quien la ha pedido, y tampoco quiero perderlo a él. Si no aborto me dejará.
-Hace mucho frio, ven a mi casa, que está muy cerca. Ven, por favor, vamos a hablar.
-No puedo, pierdo la cita.

-No te preocupes, -le digo-, no tienes que ir allí para nada.
-Pero usted no me comprende, no está en mis zapatos.
-Si te comprendo -le digo- no estoy en tus zapatos, pero estoy en mis sandalias para intentar tocar la tierra.

La joven cede, pese a la indignación le duele matar a su hijo. Acompaña a la hermana al convento y se sorprende cuando la hermana le conduce hasta un ordenador y teclea en google “video aborto”. La joven ve el vídeo sin llorar, un niño habla a su madre desde el seno materno, feliz de haber sido concebido, pero su madre ha decidido abortar y el niño establece un terrible y amargo monologo con ella.

La hermana la deja sola un rato, mientras la joven parece meditar silenciosa. Al cabo del rato entra otra chica en la sala. Es zaragozana y vive en el pueblo desde hace unos meses. Había conocido a la hermana en el hospital, cuando estuvo ingresada por ansiedad. Se sienta a su lado, también en silencio.

-Yo estuve en tus zapatos- dice secamente. La chica le mira, esperando a que rompa el silencio- ¿Sabes que existe Red Madre y otras asociaciones Pro-Vida? Ellos te ayudarán. Ojala me hubiera ayudado a mí.

La hermana entra con unos dulces y las tres mujeres comienzan a hablar. De la vida, de la vocación de la hermana, del país de la joven del este. De sus familias, de los sueños de futuro. Mientras hablan llaman a la puerta. Un hombre mayor, de unos 60 años, entra en la sala.  Le escucha, anima, propone, llora y ríe con las dos víctimas de este asunto, madre e hijo. Les habla de cómo ayudan a todo en Red Madre. Con detalle, le habla del centro de acogida, de cómo ella puede vivir allí y seguir trabajando después de tener a su hijo. Le dice que la vida que lleva dentro no es de ella, que es un regalo de Dios para ella. La joven escucha con atención.  Le parece un sueño, su sueño. Y también un milagro. El milagro de una vida que continúa su paseo inexorable hacia una existencia plena.

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