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SÍNTESIS DE LA CARTA PASTORAL ADVIENTO 2009: “ES HORA DE DESPERTAR DEL SUEÑO”

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Nos recuerda nuestro Obispo que el tiempo litúrgico del Adviento, preparatorio de la Navidad, es un tiempo para alentar la esperanza cuando el desencanto habita en nuestros corazones.

 

Hay que despertar de la modorra y del sueño. ¿Hemos perdido la sensibilidad ante las necesidades de tantos hermanos en paro y precaria situación económica? Muchos viven atrapados por afanes materialistas y se escudan en “todos lo hacen” o “la sociedad lo permite”.

 

El Papa Benedicto XVI nos alerta con estas palabras: “Nuestro programa hoy como el día de ayer debe ser la fórmula de Cristo: Vigilad y orad”. También cita Monseñor Ceballos a los teólogos Urs V. Balthasar y Karl Rahner: “Digámoslo enseguida: el cristiano sin oración, ya no es cristiano”, “El cristiano del siglo XXI o es un místico o no tiene nada que hacer”, respectivamente.

 

La llamada a la oración y a la conversión pasa por el arrepentimiento, la solidaridad cristiana, el compartir, el deber cumplido y la austeridad de vida: no sólo confesarse y arrepentirse sino “cambiar de modo de pensar y actuar, volverse al Dios justo y, como Él, obrar la justicia”. Una conversión que exige frutos y que supera el ámbito de lo intimista y personal.

 

¿Qué debemos hacer, qué tenemos que hacer, qué podemos hacer? Se escuchan clamores al cambio, a la honradez, pero casi nadie se da por aludido. O, muchos, ante las posibilidades de actuación se sienten impotentes.

 

El Obispo indica a la comunidad diocesana un posible y mínimo compromiso con los parados: enviar a Cáritas Diocesana la cantidad equivalente a “un día de tu salario del mes” a favor de estos hermanos nuestros.

 

Concluye Monseñor Ceballos, frente al pesimismo, con una exhortación a levantar el ánimo, la esperanza y la confianza: “Decid a los cobardes de corazón: el Señor Dios viene a salvarnos” (Isaías 35,4).

 

Que Santa María de la Esperanza nos enseñe a esperar y a recibir auxilio del Señor, que por medio de Ella llega a todos los hombres.

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